martes , 20 octubre 2020

Para reflexionar.

CUENTO DE LA COLABORACIÓN, DE LA CONSTANCIA Y DE LA CREENCIA.

Esta semana os dejamos con un cuento que seguro que os hará reflexionar. Sus autores son Lidia Barcons y Josep Gimbernat y está extraído de su libro «¿Y si es verdad y me lo estoy perdiendo?

Había una vez un olivo triste y solo en medio de un campo que constantemente se quejaba de que sus ramas no daban frutos. Cuanto más se quejaba, más estéril era y más triste y más solo se encontraba hasta que únicamente le quedaron cuatro ramas y unas cuantas hojas.

Un día, un pajarito se posó en sus ramas y como a la Naturaleza no le hace falta hablar, puesto que todo el mundo se entiende a través del sentimiento, captó el gran pesar del olivo que quería dar frutos y no sabía cómo. El pajarito le ofreció su ayuda.

-¿Cómo quieres ayudarme? -le preguntó el olivo.

-Veo que tienes una tierra muy seca a tu alrededor, como si no tuvieses agua -contestó el pajarito.

-Sí. Cuando llueve la tierra que me sustenta es tan dura que el agua no penetra, se evapora y se pierde.

-Pues en eso te puedo ayudar. Buscaré y te traeré ayuda para remover la tierra. En este campo no hay ningún otro árbol y nosotros, los pájaros, al viajar necesitamos tus ramas para descansar. Me voy para pedir ayuda.

El pajarito encontró a un jabalí y le dijo:

-Oye, señor del bosque, si yo te aviso de cuando vienen los cazadores ¿podrías venir a donde se encuentra un olivo triste y solo, para remover el suelo de sus alrededores?

-Claro que sí. Ahora mismo si quieres ¿Dónde está ese olivo?

Los dos se acercaron hasta donde se encontraba el triste olivo.

En muy poco rato el terreno quedó removido y esponjoso, preparado para recibir a la lluvia.

-Y ahora solo falta el agua -dijo el jabalí.

El pajarito tuvo una idea:

-Aquí cerca vive un campesino que puede venir a regar el olivo si sabe que podrá aprovechar sus frutos.

El jabalí se acercó a la casa del campesino. El campesino quiso capturarlo y se puso a correr detrás de él hasta que llegaron al olivo. Tanto el pajarito como el jabalí se quedaron quietos al lado del olivo y así el campesino captó el mensaje que le querían transmitir.

-¿Qué hace este olivo aquí? Y con tan buena tierra a su lado, ¿cómo puede ser que no tenga aceitunas? Ah ¡ya lo entiendo! le falta agua. Si yo lo riego tendrá aceitunas y podré comerlas. Lo cuidaré, le daré toda el agua que necesite y lo abonaré para que pueda dar suficientes aceitunas para mí y para llenar de olivos todo este campo.

Y el campesino así lo hizo.

El olivo pronto empezó a tener más ramas y hojas nuevas. Comprendió toda la ayuda que había recibido. Demostró su alegría dando cada vez más aceitunas.

El campesino disfrutaba de las aceitunas y los pájaros del refugio de los olivos que el campesino había plantado. A su vez, avisaban al jabalí con sus cantos cada vez que se acercaba el cazador.

Todo el mundo salió ganando, precisamente, porque todo el mundo hacia lo que había de hacer: colaborar.

Puedes conseguir el libro «¿Y si es verdad y me lo estoy perdiendo? en el siguiente enlace:

https://www.amazon.es/verdad-estoy-perdiendo-Lidia-Barcons/dp/8494376357/ref=aag_m_pw_dp?ie=UTF8&m=AWI58WZSCZNA7

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